El ritual para el efecto wow de la novia
Por Ángela y Julia | De Bodas y a lo Loco | Capítulo 11
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Durante mucho tiempo, hablar de moda nupcial significaba hablar del vestido de novia. El traje del novio quedaba en un segundo plano, como si elegirlo consistiera simplemente en encontrar una americana, un pantalón y una corbata.
Pero cada vez son más los novios que quieren cuidar su imagen, encontrar un estilo que realmente les represente y disfrutar del proceso. Para hablar de ello contamos con Nacho Lamar, diseñador especializado en sastrería, que defiende una idea muy clara: en una boda, los dos deben sentirse protagonistas.
El primer paso no debería ser entrar en una tienda y empezar a probarse trajes sin más. Antes hay que pensar quién eres, qué te gusta y qué quieres transmitir. La ropa tiene que acompañarte, no disfrazarte. A partir de ahí entran en juego la silueta, el color, los tejidos y todos los detalles que terminarán construyendo el look.
En cuanto al tiempo, Nacho recomienda empezar aproximadamente seis meses antes de la boda. Es posible hacerlo en menos tiempo, pero dependerá de la temporada, del taller y de las necesidades de cada novio. Además, si existe la posibilidad de que haya un cambio importante de peso, conviene tenerlo en cuenta desde el principio.
Para Nacho, el protocolo no debería estar por encima de la personalidad de la pareja. Una boda no tiene que organizarse pensando constantemente en qué esperan los demás, sino en lo que vosotros queréis hacer.
Eso no significa que el entorno no importe. La época del año, el lugar, la atmósfera de la boda e incluso el tono de piel del novio pueden ayudar a decidir qué colores y tejidos funcionan mejor. Una boda de verano y una celebración de invierno no tienen por qué tener la misma estética, pero siempre debe existir un equilibrio entre el contexto y la persona.
Actualmente conviven estilos muy diferentes. El chaqué está ganando presencia entre los novios que buscan una imagen más clásica y estructurada, mientras que también crece el número de hombres que quieren arriesgar y utilizar el traje como una auténtica declaración de estilo.
Un traje verde, un estampado, una corbata llamativa o una solapa diferente pueden funcionar si forman parte de la personalidad del novio. La clave está en que el conjunto tenga coherencia. Si se apuesta por una pieza muy llamativa, no hace falta que todos los complementos compitan por llamar la atención.
La principal diferencia está en el proceso. En un traje ya confeccionado, el novio parte de una prenda que existe y tiene que encontrar la que mejor se adapte a él. En la sastrería a medida, el proceso comienza prácticamente desde cero: se estudia a la persona, se decide la silueta, el corte, los tejidos, los colores y hasta detalles como botones, hilo o forro.
Además, el traje a medida permite trabajar sobre las características de cada cuerpo y adaptar la prenda para potenciar lo que más favorece al novio. Y hay algo más que Nacho considera fundamental: el acompañamiento. El proceso no termina en elegir un traje, sino que incluye pruebas, asesoramiento e incluso ensayos para que el novio sepa cómo vestirse y desenvolverse el día de la boda.
Aquí hay un protagonista claro: la corbata. Junto al chaleco y la camisa, forma el eje central de la parte superior del look y puede cambiar completamente el resultado final. Por eso merece la pena probar diferentes colores y opciones antes de decidir.
El prendido, en cambio, es una elección personal. Si la pareja quiere llevarlo, Nacho recomienda que sea sutil y que no termine ocultando la corbata o convirtiéndose en el protagonista del traje. Con el pañuelo es mucho más clásico apostar por uno blanco que llevarlo exactamente a juego con la corbata.
Los zapatos también tienen que integrarse en el conjunto. No se trata de elegirlos como una pieza independiente, sino de buscar una tonalidad y un modelo que acompañen al traje. Un Oxford clásico puede funcionar, pero también hay novios que se sienten mucho más ellos mismos con un mocasín. Lo importante, una vez más, es que el novio esté cómodo y que todo tenga sentido dentro de su imagen.
Una de las partes más especiales de la sastrería de Nacho es la personalización. Los gemelos pueden incorporar referencias a los gustos de la pareja, una afición, una profesión o incluso una pequeña broma. También pueden personalizarse puños, forros, calcetines o incluir mensajes ocultos dentro de la americana.
Son detalles que quizá nadie vea durante toda la boda, pero precisamente por eso pueden tener un significado especial para quien los lleva. La idea no es personalizar por personalizar, sino conseguir que el traje hable de la persona que lo lleva.
Más que pensar en qué está de moda, debería preguntarse si dentro de diez años seguirá reconociéndose en las fotografías. Las tendencias cambian, pero una boda es un recuerdo que permanece.
Por eso, inspirarse en Instagram o Pinterest puede ser útil, pero la referencia nunca debería sustituir a la personalidad. El mejor traje no es necesariamente el más llamativo ni el más tradicional: es aquel con el que el novio se siente él mismo, cómodo y seguro.
Y, sobre todo, el traje debería ser una parte más de disfrutar de la boda. Igual que la novia no debería pasar el día pendiente de si todo sale bien, el novio tampoco debería estar gestionando su imagen o preocupándose por cada detalle. El trabajo se hace antes. El día de la boda toca disfrutarlo.
De Bodas y a lo Loco es el podcast de Ángela y Julia donde hablamos sin filtros de todo lo que rodea la organización de bodas. Con años de experiencia en el sector y dos puntos de vista muy distintos, intentamos que llegues al gran día sin sorpresas. O, al menos, con las que hayas elegido tú.