PRUEBA DE MENÚ DE BODA
Por Ángela y Julia | De Bodas y a lo Loco | Capítulo 4
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En este capítulo de De Bodas y a lo Loco no hay invitados, solo nosotras hablando sin filtros de la prueba de menú. Esa tarde de 5 o 6 horas comiendo con la familia, tomando decisiones y resolviendo dudas.
También hablamos de cómo funciona de verdad un catering por dentro, de lo que separa a uno bueno de uno mediocre, y de las tendencias que están marcando las bodas de este año. Porque los azules y los limones ya están aquí.
La prueba de menú —también llamada degustación de boda— es la cita en la que los novios, junto a su familia más cercana, prueban los platos que se servirán el día de la boda antes de confirmarlos definitivamente.
Es, probablemente, el único momento de todo el proceso en el que los novios pueden sentarse tranquilos, sin el caos del gran día, y disfrutar de la comida con calma. Porque el día de la boda, como bien sabe Ángela, la mayoría no come: están saludando, entregando regalos, pendientes de los invitados. La degustación es su boda gastronómica en miniatura.
Suelen venir unas seis personas —novios y padres habitualmente— y la sesión dura entre cuatro y cinco horas. Se prueban aperitivos, entrantes, pescados, carnes y postres, y se toman decisiones sobre la estructura del menú completo.
En el caso de la Cocina de José Fernández, las degustaciones arrancan a finales de enero o principios de febrero, y son para las bodas de esa temporada —de primavera hasta finales de año.
El proceso previo empieza antes: unos quince días antes de la degustación, el catering ya tiene que saber qué quieren probar los novios para poder organizarlo todo. No se llega a la degustación con un lienzo en blanco.
Y hay un detalle importante que pocos conocen: se puede cambiar el menú hasta diez días antes de la boda. Si la semana anterior hay una ola de calor o una previsión de lluvia que obliga a acortar el cóctel, se puede replantear la estructura. Esa flexibilidad es parte del trabajo.
Mucho más de lo que parece. No es solo elegir entre merluza y lubina. En la degustación se define:
Ángela revisa siempre la selección antes de la degustación. Si alguien ha pedido gazpacho para una boda de febrero, lo cambia. Si se han ido a puro embutido sin nada fresco, equilibra. Hay modificaciones que avisa y otras que simplemente hace y luego explica en la propia sesión.
Hay un consejo que Ángela da en todas las degustaciones cuando la indecisión se alarga: los invitados no han probado la otra opción. Lo que elijas va a estar bueno. Nadie va a poder decir “era mejor el otro plato” porque no lo han probado. Así que decidid con lo que más os guste a vosotros, no con el miedo a equivocaros.
Lo que sí complica las cosas es ofrecer elección de plato el día de la boda. Parece un detalle de atención, pero logísticamente es un caos: los invitados no recuerdan lo que eligieron, los camareros tienen que identificar quién pidió qué en cada mesa, y en cocina hay que manejar dos elaboraciones distintas al mismo tiempo. Ángela lo intenta evitar siempre que puede.
Una wedding planner que Ángela escuchó recientemente lo resumió bien: cuando organizas una boda, estás invitando a comer a gente. Lo demás es performance. Así que lo primero es preguntarse: ¿es este un sitio donde a mí me gustaría que me invitasen a comer?
Pero hay más cosas que mirar, especialmente cuando contratas un catering externo que va a cocinar en una finca o un espacio que no es un restaurante:
Con toda la sinceridad del mundo, Ángela tiene dos pescados en carta que lleva intentando retirar años. No lo consigue. La merluza rellena y la lenguado relleno siguen pidiéndolas en boda tras boda, por mucho que intente renovar la oferta.
Y en carnes, el solomillo y el ternasco aragonés siguen siendo los caballos ganadores. La gente los pide, los disfruta y los recuerda. Las modas cambian, pero hay platos que simplemente gustan a todo el mundo.
La tendencia actual es reducir los platos en sala y potenciar el aperitivo: menos tiempo sentados en mesa, más variedad de puestos, más experiencia y show. Pero el producto en sí sigue siendo fundamental. Eso no cambia.
Este año hay movimientos claros que Ángela está viendo en las degustaciones y en las conversaciones con novios:
En gastronomía:
En decoración y colores:
El ternasco y el solomillo no van a desaparecer. Pero al lado puede haber un centro de mesa con limones y un photocall con lechugas colgadas. Todo cabe, siempre que tenga coherencia con quiénes sois vosotros.
Antes de cerrar el capítulo, Ángela deja varios consejos concretos para el día de la degustación:
De Bodas y a lo Loco es el podcast de Ángela y Julia donde hablamos sin filtros de todo lo que rodea la organización de bodas. Con 30 años de experiencia en el sector y dos puntos de vista muy distintos, intentamos que llegues al gran día sin sorpresas. O al menos con las que hayas elegido tú.